10 mar. 2020

Castigos que Filippo reserva a los comedores de pescado

Así, pero bajo el mar, donde, como
dice la canción, todo es siempre mejor.
Saludos, queridos monifates y monifatas. En este 魚の日 (o día del pez para los no iniciados), os hablaremos de los castigos que Filippo reserva para todos aquellos que coman pescado, ya sea ocasional o habitualmente (tal y como podréis haber deducido por el título de esta entrada).

Uno de los castigos favoritos de nuestro emperador subacuático es obligarte a cocinar a tu propia familia. Esto incluye todo el proceso, desde sacrificarlos hasta servirlos en la bandeja especial para cuando vienen los invitados, pasando por toda forma de descuartización y preparación que se cabría esperar. Comértelos es opcional, pero una vez has dedicado tanto esfuerzo a prepararlos, pues como que da pena que se vaya a perder. Y desde luego no le vas a dar a tu mascota algo en lo que has invertido tanto esfuerzo, sería un desperdicio.

Pero si no eres de los que les gusta cocinar y prefieren que otros cocinen para ti (o a ti, más concretamente), siempre hay otro castigo con el que disfrutan mucho los servidores de Filippo: después de desnudarte se mofan de tus genitales durante días para luego devorarlos sin clemencia. Dependiendo de tu grado de culpabilidad esto puede llevarlo a cabo un tiburón o bien una sola piraña. Una vez han terminado, todavía seguirán mofándose de ellos unos cuantos días, para estar totalmente seguros.

Y lo bueno de estos castigos es que son muy fáciles de combinar para crear una auténtica maratón del sufrimiento, otra muestra de la sabiduría infalible de nuestro señor Filippo. Por ejemplo, ninguno de los dos anteriores impide que participes en el tercer castigo: nadar en una piscina llena de salsa extrapicante fabricada por los pacientes fugados de un manicomio que trabajan en un manicomio abandonado (pero como no es el suyo, técnicamente siguen fugados). El resultado es un ardor horrible en modo alguno mitigado por el hecho de estar bajo el agua en todo momento.

Pero todos estos castigos palidecen ante el último, y sin duda el más cruel de todos; reservado para aquellos que van cada segundo fin de semana a comer a un restaurante de sushi o una buena marisquería. Este castigo es no dar de comer al infiel y después obligarlo a ver el canal de cocina. Constantemente, las 24 horas del día. La locura acaba matándolos antes que el hambre.

Y eso es lo que os deparará si coméis pescado, así que no cometáis ese error en el próximo Viernes Santo.

Lo que sí que podéis hacernos es mandarnos hatemail a nuestro correo o Twitter o dejarlo en los comentarios. Eso no reducirá vuestro castigo en ninguna manera, pero al menos uno se desahoga.

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