19 dic. 2019

El ataúd de dadiván

Listo para recibir tus regalos.
El ataúd de dadiván es una tradición dadivaneña que se da en algunas partes de Himandia por la cual especialmente las familias compran por adelantado algunos de sus regalos durante la temporada de Jalogüín y entonces les dan un entierro digno (incluyendo ataúd, discurso, flores, etc.) en un lugar sin marcar, de modo que cuando llega dadiván tienen que ir a buscarlos y desenterrarlos.

Hay empresas que, a partir de cierto nivel de gasto, ya incluyen con la compra de los regalos los servicios de pompas fúnebres para los regalos. Otras también los organizan por un módico precio con todo incluido, hasta plañideras, lamentándose mientras ven el televisor de plasma por última vez antes de que se cierre la puerta.

Muchos padres coinciden en que esta tradición es buena para los niños, ya que les enseña acerca del valor de la paciencia y de la inevitabilidad de la muerte.

Aunque muchos creen que la tradición está relacionada con las ardillas, que entierran sus nueces para el invierno, la mayoría de los antropólogos aseguran que se remonta al antiguo EGIPTO donde los saqueadores de tumbas aprovechaban las festividades de adoración al dios solar Ra Noel (llevadas a cabo en las fechas de dadiván) para saquear las mechamastabas poco vigiladas e incluso algún que otro hiperhipogeo (no pirámides, por supuesto, ya que solo eran edificios de oficinas). Quizá a esto se deba que la tradición sea especialmente popular entre antropólogos o tal vez solo sea deformación profesional.

Otras historias alrededor de esta costumbre aseguran que los regalos de dadiván olvidados y jamás desenterrados pueden llegar a adquirir conciencia pasados cien años y salir de sus frías tumbas en busca de venganza... O simplemente tratando de conseguir que alguien los disfrute POR MEDIO DE POSESIÓN FANTASMAL.

Esto hace pensar a muchos que la proliferación de esta tradición es solo un síntoma más de que la frontera entre las festividades de jalogüín y dadiván se va estrechando y debilitando cada año, de modo que pronto ambas festividades colapsarán en una sola megafiesta llamada horroriván que dará un nuevo sentido al concepto de viernes negro.

Pero por supuesto no son más que conjeturas. Incluso si fuera posible, no se puede decir a ciencia cierta que ambas festividades vayan a lograr encontrarse antes de que el apocalipsis más aburrido de la historia las haga desaparecer.

Pero como con todo, el tiepmo lo dirá...

Y ustedes, estimados lectores, ¿entierran sus regalos? Si tuvieran que hacerlo, ¿qué madera escogerían para el ataúd? Pueden respondera estas preguntas o mandarnos hatemail en general en los comentarios de esta entrada o en nuestras cuentas de correo y Twitter. ¡Hasta la próxima!

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