10 mar. 2019

Misterios Monifáticos: el Código Íctico

Buenos días, tardes o noches, queridos lectores; y bienvenidos a una nueva entrega de “Misterios Monifáticos”. Aprovechando que hoy es el día del pez, vamos a hablaros de uno de los misterios más ignotos que existen, desconocido incluso entre los mejores nictólogos del mundo. Se trata del enigmático “Código Íctico”.

El Código Íctico es uno de los mensajes que nuestro señor Filippo nos ha dejado, y es un mensaje transmitido usando peces. Sin embargo, como Filippo nunca nos explica sus planes,  hemos tenido que descifrar por nuestra cuenta el código y todo lo que ello representa.

Lo primero que hicimos fue hacernos con un ictioscopio. Para los no iniciados en el campo de la nictología, el ictioscopio es un aparato en forma de aro que sensores táctiles que detectan el relieve de las escamas de un pez, interpreta los datos y los devuelve como texto.

Mediante este aparato, hemos descubierto que todos los peces tienen escrito en sus escamas un texto filippista en honor al rey del mar: los peces más pequeños tienen himnos a Filippo, los medianos son cartas de apreciación y los grandes son libros enteros sobre teología. En especial, las escamas de los tiburones (que técnicamente no son escamas, pero la máquina las lee igual) hablan de los castigos que impondrá Filippo tras el apocalipsis (cada especie de tiburón explica uno de ellos).

Gracias a este aparato y a unos jeroglíficos en llamas egipcios que encontramos en el rastro, teníamos casi todo lo necesario para descifrar el código. Viajamos durante meses por acuarios y oceanográficos de todo el mundo pasando peces por el ictioscopio sin permiso y huyendo de las autoridades. Pero, aunque conseguimos resolver un par de problemas teológicos por el camino (por ejemplo, cómo puede Filippo ser inedible y delicioso al mismo tiempo), la información hallada en las distintas especies de pez simplemente no era suficiente para completar el puzle.

Así tuvimos que recurrir a impresiones de escamas de especies extintas fosilizadas o a pactar con el monstruo del lago Ness (acerca de un asunto del que no podemos hablar, pero no os sorprendáis cuando salga en las noticias), pero incluso eso no era suficiente. Entonces fue cuando nos dimos cuenta de que el ictioscopio también funcionaba con iguana (así descubrimos que todas se llaman Margarita), de modo que seguimos intentando usarlo con toda clase de criaturas del medio acuático.

Resulta que funciona con cangrejos, pero no con langostas; con delfines y focas, pero no con ballenas, e incluso con búfalos de agua. Lo cual es doblemente extraño, porque ninguna de estas criaturas tiene escamas, pero decidimos no prestarle demasiada atención a ese detalle y compilar toda esta nueva información para, por fin, desvelar el código de una vez por todas.

Después de recolectar todo el material, lo juntamos todo y lo pasamos por un antiguo algoritmo maya de encripción ocultista estandarizada; luego lo reordenamos, lo traducimos al español moderno y le dimos formato.
Para nuestra sorpresa, el Código Íctico, grabado en los cuerpos de todos los peces del mundo, es una receta de sopa de perro. No cualquier receta de sopa de perro, por supuesto; es una sopa tan deliciosa que todo lo que comas después te sabrá como a ceniza en comparación.

Nosotros no la hemos preparado, porque en primer lugar sería blasfemia, y en segundo, El Padrino no se lo tomaría demasiado a bien. Así que simplemente decidimos imaginar cómo sabría.

En cualquier caso, hemos decidido no divulgar esta receta. Un secreto de este calibre no debería caer en malas manos.

Podéis, sin embargo, pedírnosla en los comentarios, nuestro correo o Twitter. No os la vamos a dar, por supuesto, pero sois completamente libres de pedírnosla.

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