14 jun. 2017

Músicos callejeros usan cobras para cobrar

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Durante muchos años, el gremio de músicos callejeros se ha visto obligado a ver cómo la gente escuchaba a sus interpretaciones en la vía pública para luego marcharse sin pagar la compensación que les era debida por sus servicios. Para sorpresa de muchos de ellos, la mayoría de los transeúntes que sí pagaban ni siquiera solicitaba factura.

Notándose indefensos ante esta situación decidieron tomar cartas en el asunto. Les parecía excesivo tener que molestar a la policía por cada persona que se escaqueaba, de modo que tomaron la siguiente opción lógica: emplear animales estúpidamente peligrosos.

En un principio echaron mano de lo que tenían más cerca: panteras y osos, pero ciertamente los resultados no fueron siempre... Los mejores. Además de que las fieras a la postre resultaban prohibitivamente caras de alimentar. Siendo así las cosas decidieron recurrir a serpientes venenosas, específicamente, a cobras.

La elección de estos ofidios se debió a que eran, en efecto, los más fáciles de controlar mediante la música gracias a la gran cantidad de información al respecto procedentes de maestros encantadores de la India.

Armados con este nuevo poder, ahora pueden dirigirlas contra todos aquellos que no paguen, a veces varias al mismo tiempo. En principio solo es un pequeño recordatorio de sus obligaciones para con el músico, pero de intentar escapar, puede resultar en accidentes tan indeseables cono venenosos.

En las terrazas de muchos restaurantes, el momento en que el músico de turno termina de tocar se convierten en una larga, tensa y pesada pausa mientras pasa su sombrero o jarrillo acompañado de una cuadrilla de cobras reales que claramente no están ahí para probar la especialidad del chef. Esto, qué duda cabe, ha despertado las iras de los hosteleros, que han comenzado a protestar. Algunos incluso llegan a liberar ratones envenenados en los alrededores de sus locales para acabar con las alimañas alargadas.

Algunos transeúntes especialmente aprevenidos, por su parte, también han empezado a tomar cartas en el asunto adoptando mangostas como mascota y llevándolas a pasear por el centro u ocultas en sus bolsos, a fin de que alejen o acaben con las cobras. Pero, de la misma forma, se espera que ahora los músicos respondan aprendiendo a entrenar serpientes constrictoras como pitones o boas en lo que probablemente se convierta en una terrible carrera armamentística.

A pesar de las múltiples demandas por lesiones y crueldad animal (ya que muchos de los músicos no dejan a las cobras jugar al baloncesto) que el cobro con cobra está provocando, las autoridades no se han pronunciado hasta el momento a favor o en contra de esta práctica.

Y ustedes, dilectos lectores, ¿qué opinan? ¿Tienen los músicos callejeros derecho a cobrar? ¿Merecen los transeúntes no ser vilmente envenenados? ¿Son las cobras personas? Déjennoslo saber enviando hatemail a los comentarios de esta entrada o, también, nuestro correo, G+ o Twitter. ¡Lo esperamos!