10 mar. 2015

魚の日

Saludos, estimados compatriotas del futuro Imperio Subacuático que cubrirá la tierra en toda su extensión, hoy 10 de este mes del calendario gregoriano (da igual qué mes, según esta página) es 魚の日, también conocido el día del pez, así en general… ¿O es más bien el día del pescado? Nuestro amo y señor Filippo tiene unas palabras que decirnos con respecto a eso, así que ha decidido emplear este blog para enviar el comunicado a sus súbditos.

Oídme, mortales, soy Filippo, señor de las profundidades, traedor de ruina húmeda a las obras del hombre, amo del destino de la tierra y he considerado pertinente tocar las cabezas de estos cenutrios blogueros con mi aleta dorada para inspirarles mis infalibles palabras con las que os haré saber cómo puede afectar a vuestra salud incluir en vuestra dieta pez y/o pescado. Y cuánto odio a los perros.

En primer lugar, como sé de buena tinta que sois bastante cortos de entendederas, os explicaré la diferencia
entre pez y pescado. Un pez está vivo, un pescado está muerto y dispuesto a ser comido. Hay otras cosas acuáticas que son consideradas como pescado a pesar de no haber sido nunca peces como las iguanas, los famosos cerdos nadadores tan comunes en la cuaresma de antaño, los profundos y algún que otro humano nadador especialmente feo bajo vuestros estándares, pero atractivo ante los superiores cánones de belleza piscícolas.

Como os habréis podido figurar, comer pescado entraña toda clase de problemas, y no solo de carácter moral (pues como ya deberíais saber, el castigo por comerse a un superior es la muerte), sino que además puede ocasionar graves daños en la salud del patético humano que se decante por llevar a cabo tal sacrilegio.

En primer lugar, lo más evidente; los peces están en el agua, y eso quiere decir que tratar de comerlos puede provocar peligrosas intoxicaciones por agua (también conocidas como ahogamientos). Los peces tenemos mucha más agua de la que vosotros, patéticos humanos, podéis comer al mismo tiempo, y además del castigo divino que resultará de tan ignominoso sacrilegio, vuestros pulmones se llenarán de agua con el primer mordisco que le déis a vuestro plato de pescado. Si no os ha pasado aún, habéis tenido mucha suerte, y tened por cierto que me aseguraré de que no vuelva a suceder.

Además, los peces contamos con un gran arsenal de letales armas para evitar que los humanos consuman nuestros cuerpos sin vida. Los peces globos tienen veneno, los salmones tienen mucha grasa que puede dificultar la digestión, varias especies de tiburones se tragan bombas antes de morir que explotarán si su carne es devorada, y tanto yo como mi legión de peces de colores tenemos tantas neurotoxinas en los mofletes como para que solo uno de nosotros pueda acabar tres veces con todos los humanos habidos y por haber.

Pero no creáis que me voy a limitar a amenazaros de muerte para luego desaparecer sin daros ningún consejo útil. De hecho, si lo creéis, es lo que os mereceríais, pero soy un dios magnánimo, de modo que os daré una serie de sugerencias para sustituir estos alimentos prohibidos. Como ya conocéis mi usual recomendación de comer perros, lobos domesticados y perros acuáticos, me saltaré la disquisición sobre sus virtudes para recomendaros cosas nuevas. ¿Habéis probado a comeros a vuestros parientes? Es un buen punto de partida. Pero si no sois lo bastante atrevidos como para poner en práctica esta idea podéis recurrir a flanes Dhal, empresa de postres sin apenas contenido orgánico (con lo que estáis seguros de que no contiene nada de pez) de la que tengo un buen porcentaje de las acciones. Comprad flanes Dhal, obedeced, financiad mi imperio, dejad de reproduciros.

Sobra decir que si seguís estos sabios consejos vuestra felicidad alcanzará cuotas nunca antes registradas en individuos de vuestra lastimosa especie. Aprovechad ahora, antes de que se vea notablemente mermada cuando tome mi legítimo señorío sobre la tierra seca y os haga trabajar para mí sin descanso en las granjas de plancton.

Fin del comunicado.
Haced lo que os dice. En serio.

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