21 oct. 2014

Filippismo

El Filippismo es una religión que ofrece culto a Filippo, soberano y regente absoluto de algún universo, como rey indiscutible también de nuestro universo. Es una religión monoteísta teniendo a Filippo como única deidad omnipotente, pero puede adoptar muchas formas si así le place, teniendo así en algunas situaciones una sutil tendencia al politeísmo. Su principal profeta es “Cubo de Basura” Spencer, una entidad con cuerpo y personalidad de mendigo que igualmente presenta características maravillosas como el control del espacio-tiempo y las dimensiones, así como la capacidad de reencarnarse de forma indefinida.

Según el Filippismo, al principio el tejido de la realidad era una pecera de proporciones titánicas en la que solo existía Filippo, nadando de un lado a otro y meditando acerca del sentido de su propia existencia, puesto que había surgido de la nada previamente debido a su propia voluntad para existir.

Un día, Filippo decidió crear el universo para tener algo que ver en la televisión, y así lo hizo. Fue un proyecto arduo y agotador, puesto que como era la única criatura existente no podía contratar a otras personas para que construyeran el universo, así que él mismo lo tuvo que crear todo de la nada mentalmente, hasta el más ínfimo detalle.

Una de las múltiples encarnaciones de Spencer
Una vez hubo creado al universo, creó a Spencer, su profeta. Esto le llevó menos tiempo porque Spencer era más pequeño que el universo, y porque el propio Spencer ayudó a su propia creación mientras estaba siendo creado. Con un esfuerzo combinado de ambos, Cubo de Basura Spencer fue transportado al universo que Filippo había creado para expandir su palabra y ayudar a los más necesitados. Y todas las demás cosas que pasaron desde entonces no tienen que ver en principio con Filippo, porque si estuviese manipulando continuamente el universo, no sería divertido contemplarlo.

El libro sagrado del Filippismo es la Ictia, que no es más que el diario de Cubo de Basura Spencer, ampliado continuamente por cada una de sus reencarnaciones. Este libro (normalmente presentado en rollos de papel higiénico extrarrasposo) no contiene dogmas ni doctrinas, sino consideraciones personales de Spencer, relatos épicos de su lucha contra ratas por la comida de un basurero y varias recetas de comida extremadamente económica; así como, en menor medida formas de hacer trampa en el tute sin que te pillen, pruebas de firma y listas de la compra.

Sin embargo, el Filippismo sí tiene dogmas y creencias (porque si no, no sería una religión, vamos), pero estas se transmiten de forma oral con mayor o menor éxito. Los filippistas no pueden comer carne de pescado ni nada que venga del mar (exceptuando los delfines, pero solo si son cocinados de una forma específica), han de guardar recelo ante cualquier perro y sacrificarlos siempre que tengan ocasión (debido al daño que la banda de chuchos de El Padrino le hizo a Filippo en su momento) y la única bebida no-alcohólica que pueden beber (exceptuando el agua —que ha de ser siempre salada—) es el Zang de cabra vikinga.

Sus creencias son relativamente pocas y fáciles de transmitir. Filippo es el creador del universo y Spencer es su profeta, pero no sirve de nada adorarlos porque odian a los pelotas y el destino de la humanidad va a ser el mismo crea la gente en él o no. También consideran que en algún momento durante el desarrollo del apocalipsis más aburrido de la historia, Filippo convertirá el liquidillo verde en agua inundando el universo y transformándolo en su paraíso (y, secundariamente, matando a cualquier forma de vida incapaz de vivir bajo el agua). Buena parte de los filippistas también suelen creer en rituales absurdos que requieran matar a una gran cantidad de seres vivos; aunque teniendo en cuenta que no lo hacen para complacer a su dios es justo pensar que son unos putos psicópatas.

Parece un niño normal,
pero probablemente
es un peligroso cultista.

Los filippistas son un grupo tremendamente heterogéneo, abarcando tanto a gente a la que simplemente le hace gracia decir que su dios es un pez como a gente que no sale de casa sin ponerse un disfraz de pez naranja o alguna otra estupidez que se hayan inventado creyentes que se ponen hasta las cejas de metadrogaína ilusoria. El 20% de los filippistas no se considera practicante, el 46% se ha apuntado pensando que era otra religión y ahora no saben qué hacer para dejar de ser filippistas, mientras que el 34% restante tiene branquias y asegura haber mantenido contacto carnal con peces como mínimo en una ocasión.

Apenas se registra crítica al filippismo debido a que buena parte de la humanidad no tiene ni la menor idea de su existencia. Existen, sin embargo, varios grupos de cazarrecompensas que se dedican exclusivamente a llevar ante la justicia a cultistas raros con pijamas naranjas.