23 jul. 2012

Mechacienta

Érase una vez una cyborg salida de la unión de un buen robot gigante y una humana que estaba de buen ver. Para desgracia del buen robot, su esposa murió un día sin previo aviso aplastada por la pierna gigante de un ser mecánico desconocido, por lo que el robot, que se sentía solo, se casó una segunda vez con otra humana. Esta segunda humana, que era conocida por su desprecio hacia los híbridos, se hizo cargo de la hija cyborg del robot cuando este tuvo que participar en una batalla para defender los intereses de los no-vivos. Debido a su ya mencionado odio hacia los mestizos, esclavizó a la cyborg cambiando su bello nombre (Ceci-NT4) por uno más despectivo: Mechacienta. Asimismo, instaba a sus hijas (totalmente carentes de personalidad) a reírse de ella por ser un cyborg.

Un buen día el príncipe mandó una carta a todas las jóvenes del reino para que asistieran a una quedada en su palacio para que él pudiera así elegir a su futura esposa sin la necesidad de ir a buscarla por ahí. La madrastra de Mechacienta prohibió terminantemente que esta fuese (contratando para ello a cazarrecompensas que la atraparan viva o muerta si la veían alrededor del castillo durante el día de la quedada), porque no consideraba digno que una mísera mestiza tuviera la oportunidad de ascender a la realeza. Sin embargo, permitió que sus dos hijas carentes de personalidad fueran.

Mechacienta, se entristeció mucho por no poder asistir al encuentro, ya que contactaba con el príncipe por mésenller asiduamente y se había quedado con ganas de verlo en persona. El día de la quedada, cuando la madrastra y las hermanastras se habían ido ya, una ingeniera kappa oyó los sollozos de mechacienta gracias a su avanzada tecnología espía y se teletransportó a su habitación.

— ¡Hey! — dijo la kappa.
—¡Coñe! — respondió sorprendida Mechacienta.
—No te asustes, Mechacienta, soy tu kappa madrina. Y voy a ayudarte a ir a la quedada del príncipe... ¡con ciencia!

Tras decir esto, la kappa madrina sacó sus herramientas y las utilizó para actualizar el hardware de la parte robótica de Mechacienta. De este modo, cambió su ojo robótico por uno sensible al calor, a los pervertidos y con medidor de poder; añadió armas intercambiables de diversos tipos a su brazo robótico y metió una sandwichera en su pierna robótica. Además, la vistió con un vestido de noche tejido con una fibra entre la cual se entrelazaba pólvora, de modo que si una parte del vestido ardía causaría una explosión, y si ardía por completo la explosión cubriría un kilómetro cuadrado. Para terminar, usó unas chapas viejas que había tiradas delante de la casa de Mechacienta para darle una montura adecuada: un enorme tanque que funcionaba con energía nucelar.

—¡Eres la hostia, kappa madrina! —dijo cenicienta tras probar el cañón de energía de su brazo con un árbol, fulminándolo por completo. — ¡Con esto nadie se atreverá a cortarme el paso para entrar en la quedada!
—Desde luego, pero tienes que tener cuidado. He podido darte todo esto sin cobrarte nada porque está en periodo de prueba, así que a media noche va a dejar de funcionar.
—¿El vestido también?
—No, el vestido no. Pero espero que no lo tengas que usar. Aún así, si se da el caso, toma este mechero y este rollo de papel higiénico. —dijo la kappa madrina mientras le daba esos objetos— Si las cosas se ponen mal te arrancas un jirón, lo enrollas en papel higiénico, le prendes fuego y KABLEWN.
—Te debo una, kappa madrina.
—No es nada. ¡Todo sea por la ciencia!

Mechacienta se montó en su monstruoso tanque y marchó rumbo al castillo donde no dudó en aniquilar a todos los cazarrecompensas que había contratado su madrastra para abrirse paso. Una vez logró entrar en el castillo se dirigió directamente al príncipe para no perder tiempo de su período de prueba. Lo reconoció al instante porque había visto su avatar en el mésenller hacía tiempo, porque era el único hombre de la sala, y porque estaba sentado en un trono que decía “príncipe”.

El príncipe se enamoró perdidamente de ella, en parte porque ya se llevaba bien con ella antes de que se conocieran en persona y en parte porque era en secreto un enorme fanático de la tecnología. A Mechacienta por su parte, le gustó del príncipe el hecho de que fuese más fanático de la tecnología de lo que en principio daba a demostrar, que no tuviese tanto sobrepeso como en principio imaginaba y que su voz fuese tan buena para la oratoria. Aparte de que su matrimonio con él la convertiría en reina y podría subyugar a su madrastra legalmente.

Y hablando de la madrastra, esta se percató de la presencia de Mechacienta cuando pasaban dos minutos de medianoche y la agarró a traición por el cuello intentando estrangularla. Mechacienta sabía que a esas alturas su armamento no funcionaría, así que prendió fuego a un trozo del vestido que tenía preparado para las emergencias y se lo metió a su madrastra en la garganta, consiguiendo así que esta muriera de forma instantánea sin apenas causar daños colaterales.

Los guardias del castillo inmediatamente acudieron para capturar a Mechacienta a pesar de que el príncipe les ordenaba que se detuviesen. Mechacienta de nuevo actuó rápidamente, y apuntó con su brazo robótico (que ya no disparaba, pero nadie en la sala lo sabía) a los guardias que se rindieron ipso facto. Tras esto el príncipe aprovechó la confusión para fugarse con su amada cyborg a Hawaii porque la situación no era muy cómoda y, para qué engañarnos, al tipo le venía gordo eso de ser regente de un país.

Y colorín colorado, esta mierda se ha secado.

Oh, sí, se me olvidaba. Las hermanastras de Mechacienta a día de hoy trabajan en un McDonalds con un sueldo de mierda que invierten casi íntegramente en las apuestas de caballos.