13 mar. 2011

Drunk Rhapsodists Night Club - 6



Pista 6: Rivales y aliados
Insane terminó de ponerle las esposas a Álex y miró a su alrededor: Tomás y Genutto también estaban esposados, de manos y pies, incluso había puesto bozal y correa a Pitch. Éstos tres aún dormían plácidamente, aunque ya no sangraban.
—Parece que sus amigos tardarán un rato en despertar, …señor —le dijo Insane— y no pienso cargar con ellos hasta la comisaría así que esperaremos lo que haga falta. ¡Si no se despiertan hasta el juicio final seguiré aquí esperando!
Álex intentó alejarse un paso ante esta repentina declaración. Rápidamente Insane le cogió del brazo y le dirigió una peligrosa sonrisa de demente.
—¿Va a alguna parte?
Álex negó con la cabeza.
—Bien, siéntese y póngase cómodo, vamos a pasar bastante tiempo juntos.
Álex se dejó caer rápidamente en el suelo y se sentó juntando las piernas para evitar que se le viese la ropa interior. Insane se apoyó en el tronco de un árbol y encendió un cigarrillo.
Pasaron un largo rato en silencio mientras Álex miraba a la nada e Insane daba caladas.
—¿Fuma? —preguntó éste al cabo de un rato.
—¿Perdón?
—Que si fuma.
—Oh… Sí.
—Tenga —le dijo lanzándole un paquete de tabaco y un encendedor.
Álex los cogió al vuelo aun esposado y le miró intrigado.
—Mi mujer siempre decía que acabaría matándome y es hora de que empiece a hacerle caso —le explicó—. Lo gracioso del tema es que al final la mató a ella —dijo mientras soltaba una carcajada.
Álex se estremeció mientras Insane se reía y alcanzó a preguntar.
—¿T-También fumaba?
—Oh, no, la asaltaron los amigos de un tipo que había metido en chirona cuando iba a comprarme un paquete… ¿No es irónico? ¡Dicen que por eso se me fue la cabeza!
Los estremecimientos de Álex aumentaron. Insane se rio un poco más y paró repentinamente.
—Es broma chaval —le explicó—; nunca he estado casado.
Eso no tranquilizó del todo a Álex.
—Ustedes aún son unos chavales, ¿cómo han acabado con tantas deudas con la justicia? —le preguntó Insane, distraído y mirando en otra dirección… quizá incluso pensando en otra cosa.
—La vida de músico independiente… —le respondió Álex, dudoso—, que es muy dura.
—Entiendo, yo también tocaba en un grupo de joven…
—¿En serio?
—No, la única música que me gusta son las BSO de cine negro. Ah, el “Halcón Maltés”…
—En realidad nosotros tampoco tocamos…
—Explíquese, señor.
—Pues eso: somos un grupo de música, pero no tocamos ningún instrumento… Ni sabemos.
—Válgame el cielo… ¡Eso es una sandez!
—¡No lo es! ¡Podemos ser los mejores!
—Un grupo de música tiene que hacer música…
—No es cierto. Somos un grupo de música porque nos sentimos así hasta en la médula de los huesos y nos da igual quién se ponga delante cuando hay que demostrarlo. ¿A que sí Genut…? Oh.
Insane sonrió y dejó escapar una carcajada demente.
—¡No está mal, caballeros, tienen ustedes espíritu! Y dígame señor…
—Álex.
—Señor Álex, ¿cómo pretende usted demostrar que son un grupo de música?
—No necesitamos demostrarlo… Tenemos un disco… y fans.
—Replantearé mi pregunta… ¿Cómo piensan ustedes alcanzar la fama que tan merecida tienen? Como mínimo son dignos de un circo.
—¡Eh!
—Lo siento, lo siento. Quiero decir que… son ustedes bastante… extravagantes.
—Es nuestra imagen de grupo… Pero ya se nos ha hecho cómoda y vamos así a todas partes.
—Entiendo… Pero aún no me ha respondido, ¿cómo pretenden llegar al estrellato?
Álex le dirigió una mirada desafiante.
—Derrotando a nuestros rivales.
—¿Rivales?
—Sí, un grupo de música rival… La suerte les ha sonreído más que a nosotros, pero sabemos que temen el día en el que los confrontemos.
—Preguntaría quiénes son, pero posiblemente los desconozca… Ya le he comentado antes mis gustos musicales.
—Quizá te suene: se hacen llamar Light Silver Dominicus.
De la sorpresa a Insane se le atragantó una calada y casi muere entre toses… Bueno, quizá “morir” sea exagerar un poco, pero lo pasó mal.
—Mierda, claro que los conozco… ¡Son la polla en vinagre! No es que los escuche a menudo, pero he de reconocer que no hay grupo vivo que se les compare… Sobre todo por sus reinvenciones de los clásicos del cine negro.
—Excepto nosotros.
—Oh, sí, les había pasado por alto… Cuán despistado soy. Supongo que es la maldición de los genios.
—¿Perdón, decía algo? Creo que me he despistado.
—Como iba diciendo, ¿los de Light Silver Dominicus les conocen? ¿La rivalidad es mutua?
—Por supuesto, desde hace años. Pero como rara vez coincidimos hace tiempo que no nos batimos.
—¿Y por qué simplemente no hablan con ellos para que les den un empujón a la fama si tan amigos son?
—¡Porque Steel Bitch no funciona así!
—¡No! ¡Croa!
Ambos se volvieron hacia Genutto. Estaba dormido como un tronco y hablaba en sueños.
—¡Sírvame más de esa carne de cadáver! —gritó.
—Bueno, se ha acabado la siesta, caballeros —informó Insane caminando hacia ellos y empezando a empujarlos con el pie.
—No conseguirá nada así —le dijo Álex poniéndose en pie—. Se hace así:
Diciendo esto se agachó, cogió el cigarrillo de su boca y se lo puso a Genutto en la nuca.
—¡Croaaa!
—¿Ve?
—Impresionante —reconoció Insane.
—¿Ya es por la mañana? ¿Dónde está mi desayuno? ¡Croa! ¿Por qué me duele tanto la cabeza? ¡Croacroa! ¡Acabaré contigo! ¡Después del desayuno! ¡¿Dónde está mi desayuno?!
—Siempre se despierta así… —suspiró Álex.
—No hay desayuno, bella durmiente, aún son las cuatro de la madrugada. Ahora camino a la comisaría no tengo todo el dí… noche. Toda la noche.
Genutto le dirigió una mirada de soslayo y apuntó con su descomunal nariz hacia el cielo.
—Solo iré si hay comida.
—…por supuesto, a montones —mintió Insane.
—Entonces vale —se dispuso Genutto.
Álex se llevó la mano a la cara.
—No va a llevarnos a comer, Genutto, está deteniéndonos.
Genutto se volvió hacia Insane.
—¿Es eso cierto, perfecto desconocido que me dio con una palanca en la cabeza?
Insane no tuvo más remedio que asentir.
—¡Me has defraudado! ¡Croa! ¡Éramos amigos!
—Disculpe, pero no, no lo éramos.
—¿Al menos habrá ordenadores?
—Lo dudo mucho.
Genutto se sentó y miró en otra dirección.
—No se me enfurruñe, caballero.
Genutto no respondió.
—Vamos, no sea malo.
—¡Yo quiero mi desayuno nocturno! —gritó Genutto para luego levantarse y salir corriendo.
Insane se lanzó a la carrera tras él al grito de:
—¡Alto a la autoridad!
Mientras tanto Álex agitó un poco a Tomás, que se despertó con un “Mpf…”.
Pitch ya llevaba rato despierta, es de hábitos nocturnos… pero estaba observando la situación.
▼▼▼
—No, no somos ni cordero ni chuleta… —cantaban a “coro” los miembros de Steel Bitch entre gruñidos, gritos guturales y ¡croas!.
—¿Y ustedes se hacen llamar grupo de música? —les preguntó Insane—. Usted, señorita, no deja de desafinar.
—¡Gñi!
—Ni mapache ni leches, otra vez, desde arriba.
La cadena de presos que ahora conformaba nuestro grupo de música, unidos entre ellos por grilletes en cuello y pies —salvo Pitch a quien Insane llevaba con una correa— volvieron a prorrumpir en una algarabía cacofónica difícilmente considerable como música.
—Aún les queda mucho, pero verán cómo en el coro voluntario obligatorio de la cárcel les curten. Van a tener mucho, mucho tiempo para ensayar —les aseguró—. ¡Y caminen más rápido, gandules!
Álex, que iba el último de la columna por ser el que más problemas daba cayó de rodillas jadeando e interrumpiendo la marcha de los demás.
Insane no tardó en percatarse de que el asunto no avanzaba y corrió rápidamente a la cola de la fila.
—Vamos, ¿qué le ocurre a usted? ¿Piensa pasarse así toda la noche?
—N-No… No… —tentó Álex.
—¿No qué, señor?
—No puedo cantar más…
—¿Ah, no? Pues a partir de ahora usted hará los acentos.
—No, por Diox, piedad.
—Vamos, en pie, andando y cantando. Un, dos, un, dos, tres y…
No oyó ningún sonido. Se dio la vuelta rápidamente y comprobó que los tres habían salido corriendo aún unidos por sus cadenas. No es un espectáculo desdeñable ver a tres personas con los pies encadenados entre ellos pugnando por correr a la máxima velocidad posible.
—Maldición sabía que tenía que habérmelos esposado…
Pitch aprovechó la momentánea confusión de Insane para arañarle las piernas y salir corriendo detrás de sus compañeros con correa y todo.
El detective se dispuso a ir en pos de ellos cuando vio cómo una furgoneta se detenía en la esquina por la que estaban a punto de doblar los miembros de Steel Bitch y una bella jovencita de ingente busto les “ayudaba” a subir por el viejo método de propinar tirones aleatorios hacia arriba. Cuando la furgoneta volvió a arrancar y se perdió a lo lejos ya tendría dos enormes marcas si los ojos de Insane fueran láseres mortales, pero no lo eran, aunque se acercaban.
—Conque cómplices, ¿no, caballeros? Bien, supongo que ha llegado el momento de ponerse serios.
Era verano y no había ninguna nube de tormenta, pero el cielo se dignó a conceder un solitario trueno al detective para aumentar la sensación dramática.

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